jueves 16 de abril de 2009

Un viernes cualquiera: El destino sí que trabaja rápido cuando quiere

Se encerró en el baño mientras le seguía hablando a Amiga. Abrió el bolso negro. Sacó una remerita, una de ésas que dicen "viernes" o "fin de semana" o "noche" o "pibe que me gusta". Se cambió. Salió, corrió a su amiga del espejo. Se acomodó un poco los rulos, así como pudo. Se armó de un delineador y de un brillo labial o gloss (como le dice la gente in) para intentar sacarse la cara de muerta.
La cara de muerta respondía a que se había levantado a las 7 de la mañana y no había parado en todo el día. Tampoco quería parar. Era joven, ya tendría tiempo de parar. Era joven y ya había estado parada mucho tiempo. Tenía el delineador en la mano. Era un peligro de color negro. Nunca había sido hábil en eso del maquillaje. Lo sabía, entonces antes de pasar papelones prefería limitarse a ese par de cosméticos perfectamente elegidos para destacar dos de las partes que más le gustaban de su cara: los ojos y la boca (sobre todo el labio inferior). Dos cosméticos infonsivos porque no dejaban manchas o mamarrachos, a lo sumo con un poco de agua y un poco de papel podían sacarse.
En menos de diez minutos estuvo lista. Sí, podía ser rápida cuando quería. Incluso ella podía ser rápida a veces. Esa noche secretamente había decidido ser rápida pero eso sí "uo, uo, marcando límites" cantaba mientras terminaba con el rimmel negro.
Salieron. Había un cumpleaños de alguien en un canto bar. Nunca había ido a uno de ésos. Se quedaron un rato. No conocía a nadie excepto a Amiga. Le dieron ganas de cantar Rafaella Carrá. Subió. "Para enamorarse bien hay que venir al Sur" gritó junto con otros tantos. Bajó. La cosa no daba para mucho más. Decidieron irse.
Caminaron sin rumbo por calles que podían ser de San Telmo o del Microcentro. Se le antojo un helado. "Sí, de dulce de leche tentación y chocolate italiano. Por favor, poneme abajo el chocolate y arriba el dulce de leche, gracias" Sabía que del gusto de arriba siempre servían más. Sabía que el dulce de leche le gustaba más. Se sentaron en una mesita de la calle. Estaba lindo, en musculosa se estaba bien. No hacía frío ni calor. Tenía la boca demasiado entretenida como para hablar. Así que se dedicó a tomar el helado mientras miraba gente pasar. A esta altura el brillito no existía más. Se había esfumado, desaparecido, se lo había comido. Pero no le preocupaba en lo más mínimo.
Decideron ir a algún otro lado, era temprano aún. Se levantaron. Empezaron a caminar sin saber otra vez. Terminaron en Retiro, en uno de esos barcitos. Estaba medio vacío. "Buá, nos tomamos algo y nos vamos rápido" pensó. Encontraron un lugar en una de las barras. No había casi nadie. Tomaron el un algo. Aparecieron un par de tipos. Los dos eran foráneos. Los dos hablaban con acentos raros pero diferentes. Traían cerveza. A Ella no le gustaba la cerveza. Tomó un trago sólo por cortesía. Amiga tomó más. "El del acento centroamericano (que resultó ser venezolano) es un poco aburrido. Simpático, pero aburrido. Se ríe mucho y muestra la sonrisa Kolinos. Lindos dientes, un poco bajo" .... pensaba mientras hacía como que lo escuchaba. El otro tenía un acento claramente español "gallego de acá a la China" pensó. El Gallego trae más y más cerveza. Ella ya no toma pero su amiga sí. La conversación se transformó en una charla de tres. El venezolano de repente ya no estaba más. La conversación de a poco se se fue reduciendo a un equipo de dos. Claramente a ella le tocó ser actriz de reparto en esta peli. El Gallego se va a buscar más cerveza. "Vamos?" pregunta Ella. "Sí, sí ... lo saludo y nos vamos. No quiero meter la pata", le contesta Amiga. El Gallego y las cervezas vuelvieron. Ella lo saludó y se fue a esperar a otra parte. La espera se hizo eterna y Ella se quedó sola. De a ratos miraba como de reojo sin entender bien hasta qué punto Amiga quería o no meter la pata.
La espera la siguió hasta el borde de la escalera. Se apoyó en la baranda. De repente un alguien que se hace el foráneo pero es más argento que el dulce de leche apareció. Ella, que se moría del embole, decidió seguirle el juego y le respondió con un "Where are you from?". Y él "de Monte Grande. Pero tenía que competir de alguna manera. No querés venir a tomar algo conmigo y mi amigo que está allá?" Entonces Ella divertida aceptó sin reparo alguno. La"honestidad bruta" más el embole que se estaba comiendo conformaban un combo que quería dejar atrás. Se fueron juntos, él le convidó cerveza. Esta vez Ella aceptó de una. Tomó más de un par de tragos, pero no la pudo terminar y la dejó. A veces se descubría dispuesta a ahcer algunas concesiones con ese líquido que no le terminaba de cerrar y claramente esa era una de esas veces. La charla siguió fluídamente. Muy fluídamente. A diferencia de otras veces en las que pensaba en qué se iba a preparar para desayunar antes de irse a acostar cuando llegara a casa, esta vez sólo le prestaba atención. Lo escuchaba y sólo se abstraía para pensar cuánto faltaba para que Falso Foráneo hiciera algo. Pero no pasaba nada. Nada más que tiempo y risas. Falso Foráneo no hizo nada. En algún momento reparó en que Amiga no estaba más. Sacó el celular para ver la hora. Habían pasado como dos horas. Vió que tenía como 3 mensajes y un par de llamadas perdidas. Todas eran de Amiga. Nunca se había percatado de los intentos del aparato por llamarle la atención. Llamó a Amiga. Amiga dijo que todavía estaba ahí, que la salvara, la fuera a buscar. Ella volvió con Falso Foráneo y se quedó unos minutos más. Juzgó que la cosa no iba ni para atrás ni para adelante. Entonces se decidió por despedirse de Falso Foráneo y de su amigo para ir a jugar al salvavidas de su amiga. Estaba extendiendo la mejilla para saludar a Falso Foráneo cuando él dice: "Si el destino quiere la próxima vez que nos veamos curtimos" A lo que Ella respondió:"Y en una de ésas, nunca se sabe". Le dió un beso en la mejilla y se fue.
Bajó las escaleras, divisó a su amiga, que estaba algo copeta, y al Gallego que bien podría haberse ganado el premio remo. Fue a su encuentro y le dijo "vamos?". El Gallego le lanzó una mirada matadora. Pero a ella no le importó la agarró de la mano y se fueron para el baño. "Bueno, ahora sí te despedís y nos vamos ... a menos que vos quieras quedarte. Pero decime". "No, no, no. Vamos" dijo Amiga.
Salieron del baño. Otra vez dejó que Amiga y Gallego se despidieran. Mientras ella caminaba hacia la salida vio bajando por la escalera a Falso Foráneo. Falso Foráneo la agarró del brazo y le estampó el beso que ella había estado esperando. Cuando se separaron, ella abrió los ojos lo miró y le dijo: "Apa, el destino sí que trabaja rápido cuando quiere"
Un par de horas después ya subidas en el bondi que las llevaba a sus respectivas casas, ella volvió a meter la mano en el bolso negro. Revolvió y revolvió hasta que las encontró. Sacó una libretita y una lapicera. Entonces, escribió:

"Si el destino quiere la próxima vez que nos veamos curtimos"
"Apa, el destino sí que trabaja rápido cuando quiere"

Mientras lo hacía pensaba .... " qué buenas frases para hacer una historia".

4 comentarios:

Café (con tostadas) dijo...

y son buenas, muy buenas frases para hacer una historia!

Ahora:

1- a quién no le ha pasado esa de "hacerle el aguante" a una amiga?!?!?!

2- seré impaciente pero si el pibe me dice eso me ataca la ira! jajajaja

Besos

hormiga dijo...

hay noches que son TAN pero TAN embolantes que, si el destino quiere, pueden surgir historias rarísimas.

Vivi dijo...

buenisímo!!!
es como si hubiera estado allí!!!

Morocha dijo...

Linda historia la suya !