No sabía muchas cosas, pero sí sabía un par. No sabía qué quería para su vida, pero sí podía asegurar lo que no quería. Había dos lugares a los que nunca volvería. Estaba segura de eso. NuncaJamás, ni siquiera para conocer a Peter Pan, Wendy y al resto de los huérfanos. Ni siquiera ante la tentadora propuesta de poder volar. Ni siquiera para nada. Por nada del mundo. Ya había estado ahí y se había jurado no volver. Antes, antes haría lo que fuera. Agotaría todos los recursos que estuvieran a su alcance, todos.
A veces, a veces se encontraba cerca de esos lugares. Se descubría coqueteando con los límites. Se descubría como haciéndole ojitos al dublinés de migraciones, como haciéndose la simpática con el gendarme de frontera, como flirteando con el tipo del tren que te pide el pasaporte cuando pasás de Roma a París. Nunca supo porqué en ese pasaje se lo habían pedido si en ningún otro viaje terrestre había habido necesidad. No importa. Lo único que importa es no volver a caer en la tentación, no tomar the easy way out (porque esa salida lo único que tenía de "easy" era el nombre). "Por más bueno que esté el francesito, por más simpático que se mostrara el dublinés de los ojos verdes, por más carismático y romántico que pareciera el tunecino del canalcito amstardiano". No valía la pena y lo sabía. O al menos no valía la pena por tan poco. O al menos todavía no había encontrado un valgalapena.
Tampoco valía la pena volver a visitar a la Sra Angustia y al Sr Malestar que son parientes cercanos de la Srta Depresión sólo por no saber qué hacer. Si bien todavía no sabía qué hacer, sí sabía que la única manera de evitar la visita de la parentela esa a la que una no soporta era haciendo. Haciendo cosas, lo que fuera, no importa. Hacer, esa era la clave. Y lo sabía. Sabía que esa era la manera de desarmar a toda esa familia de sentimientos y sensaciones de mierda. Sabía que era como la Kryptonira contra los DeMierda.
Y ella lo sabía. Lo sabía porque ya había estado ahí haciéndose la linda con todos esos tipos. Y lo sabía porque ya había estado todas esas tardes lluviosas tomando el té en lo de los DeMierda, jugando a la escondida de si misma. Y lo sabía porque ya había estado en esos lugares alguna vez y eso era lo que sí que valía la pena. Saber lo que no quería aunque no sepa lo que sí quiere.
Me
Hace 1 mes.
